Castillo-fortaleza de Santa Pola

La vida es bastante solitaria en Santa Pola. Los ataques de los piratas berberiscos son constantes y la gente tiene miedo de vivir en esta ciudad. Por eso, la Corona española manda construir a la familia Antonelli (en concreto a Juan Bautista Antonelli) la construcción de un castillo-fortaleza. Las obras se inician en 1553, pero tan sólo cuatro años más tarde ya se han finalizado. De este modo, se instala en este singular edificio un destacamento de treinta soldados con sus familias, un capellán, un alférez y un alcalde.

A partir del siglo XVIII el castillo-fortaleza pierde su función eminentemente defensiva y comienza a desarrollarse la pesca y las actividades relacionadas con ésta (como, por ejemplo, el esparto) en esta localidad costera. En este recinto, a partir de 1860 (fecha en la que pasa a ser propiedad del ayuntamiento) se instalan las dependencias municipales. Pero no será hasta 1982, cuando las dependencias municipales ubicadas aquí se trasladan a un edificio de nueva planta, cuando se elabore el Plan Director que considera que hay que restaurar el museo y dotarlo de una función cultural. De este modo, se empieza a acondicionar para que pueden alojar los dos museos que se hallan en la actualidad en este reciento: el Museo del Mar y el Museo de la Pesca. El primero se centra en la Prehistoria de Santa Pola, el mundo ibero y el puerto romano. El segundo trata de explicar todas las actividades relacionadas con la pesca y con la vida cotidiana de las personas que viven de esta actividad.

Interior de la Capilla de la Virgen de Loreto ubicada en el castillo-fortaleza

Los dos basan su atractivo, sobre todo, en presentar los objetos en su contexto, en realizar escenografías a través de las que el visitante se pueda hacer una idea de las funciones para las que fueron creados los objetos expuestos. “La diferencia con respecto a otros museos es que éstos presentan el objeto en su contexto. Consideramos que es mejor mostrar así los objetos que puestos en vitrinas”, explica la directora de los dos museos, María José Sánchez, ya que así no se desvirtúa el fin con el que fueron creados estos objetos. Por eso, si en una de las salas del museo se representa una factoría de salazón, se pone la sal, el pescado, las hierbas aromáticas, etc. porque lo que se pretende “crear un diálogo del objeto con su entorno”, señala Sánchez. En los dos museos se pueden encontrar piezas muy valiosas como, por ejemplo, un crismón, pieza especialmente requerida por otros museos. “El crismón pertenece al pedúnculo de una lámpara de aceite. Éste indica que ya ha entrado una nueva religión y que hay personas que compran cerámicas con símbolos que ya no representan a los antiguos dioses romanos”, indica el oficial de museos y uno de los artífices de las escenografías, Juan Bautista Piedecausa.

Próxima apertura

El crismón es una de las piezas más valiosas de los dos museos

Actualmente, las labores de restauración de la Escuela Taller Villa de Santa Pola V con la que trabajan los dos museos se están encargando de restaurar una donación de piezas pertenecientes al maestro Quislant, un músico santa polero muy importante. Como explica uno de estos restauradores, “hay que restaurar las piezas que tenga rotas y reemplazar algunas piezas irrecuperables. Una vez hecho, el objeto se pinta, encera o laca”. Pero sobre todo se ha de mantener la fidelidad  al original. Un elemento se está empleando para restaurar parte del mobiliario del maestro Quislant es el barniz de goma laca, hecho con alcohol y con las escamas que segregan los árboles al ser atacados por los insectos. Como indica otro miembro de la Escuela Taller, “el mueble se tiene que lijar y darle capas con el barniz. Se tiene que pulir hasta que quede bien”. Por eso es un proceso muy largo, pero necesario para que el mobiliario presente un aspecto impecable. El servicio de limpieza también tiene un importante papel en el museo, pues se les instruye a través de un curso para que puedan contribuir a la recuperación de las piezas. Como explica Piedecausa, este hecho también ayuda a que el trabajo sea más gratificante, pues aprenden nuevos conocimientos y se sienten parte del museo.

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